Hola!!! Aquí encontrarás un aporte para conocer más sobre comunicación, educación y políticas no hegemónicas

Este es un espacio creado con la intención de reflexionar sobre la  educación y la comunicación, pero no como actos de la vida institucionalizados, programados  y dirigidos por las clases dominantes, que son las que detentan el poder logrando, para deshumanizarnos y hacernos pasivos, considerando que la verdad es la que ellos nos  muestran. Desde el lugar que debemos ocupar en la sociedad, que comer y hasta que es lo políticamente correcto pensar. Aquí, entendemos que la comunicación y la educación son procesos esenciales en el desarrollo de la vida del hombre como seres sociales. Respirar es tan innato en el ser humano como comunicarse, aprender y aprehender su entorno. Moldea y es moldeado por la realidad que lo circunda.

 

La escuela es… el lugar donde se y hacen amigos, no se trata sólo de edificios, aulas, salas, pizarras, programas, horarios, conceptos…

Escuela es sobre todo, gente, gente que trabaja, que estudia, que se alegra, se conoce, se estima.

El director es gente, el coordinador es gente, el profesor es gente, el alumno es gente, cada funcionario es gente.

Y la escuela será cada vez mejor, en la medida en que cada uno se comporte como compañero, amigo, hermano.

Nada de isla donde la gente esté rodeada de cercados por todos los lados. Nada de convivir las personas y que después descubras que no existe amistad con nadie. Nada de ser como el bloque que forma las paredes, indiferente, frío, solo.

Importante en la escuela no es sólo estudiar, no es sólo trabajar, es también crear lazos de amistad, es crear un ambiente de camaradería, es convivir, es unirse.

Ahora bien, es lógico… que en una escuela así sea fácil estudiar, trabajar, crecer, hacer amigos, educarse, ser feliz.

Paulo Freire.

Comunicación, educación y políticas contrahegemónicas

Para hablar de elementos que conforman la contrahegemonía resulta conveniente acercarnos a la concepción de  hegemonía desde la mirada del pensador italiano Antonio Gramsci, dado que es la mejor forma de entender de que hablamos cuando hablamos de contrahegemonía.

Gramsci afirma  que es través de la crítica que las clases revolucionarias formulan al sistema de ideas dominantes “se da un proceso de distinción y de cambio en la importancia relativa que poseían los elementos de las viejas ideologías. Aquello que era secundario, subordinado o aún accesorio, pasa a ser principal, se transforma en el núcleo de un nuevo complejo ideológico y la vieja voluntad colectiva se disgrega en sus elementos contradictorios puesto que se desarrollan socialmente aquellos elementos subordinados”[1]. Esto es, aquellos viejos elementos de las clases subordinadas que son reconocidas por las hegemónicas para consensuar para el mantenimiento del status quo. Lo que Gramsci hace es invitarnos a entender estos procesos dinámicos, de constante evolución y reformulación, de negociación social que  se juegan permanentemente dentro  de la cultura de una sociedad. Es desde la cultura donde se conforman las subjetividades de los sujetos, sus miradas del mundo. Así tempranamente fue entendido tempranamente por las elites latinoamericanas.

Es que, en  materia educativa en nuestro continente, y particularmente en nuestro país, la constitución de un pensamiento de las clases hegemónicas se vio plasmado en las ideas positivistas de la llamada “generación del 80”, profundamente influenciada por el  ideario europeo, esencialmente en el pensamiento y acción de Domingo F. Sarmiento, quien plasmó esa visión de mundo en la educación argentina, influyéndolo hasta nuestros días. Para ello tomo a la institución moderna por antonomasia para construir  y formar a las nuevas generaciones: la escuela.

El antropólogo hispano – colombiano Jesús Martín Barbero coloca a ésta institución en el centro mismo de “el largo proceso de enculturación”  al entenderla como rectora  y responsable de la formación del sujeto moderno a partir de los siglos XVI y XVII: útil y apto para insertar en la naciente máquina capitalista, cual engranaje de ella; además de rescatado de las tradiciones orales cuestionadoras de la nueva matriz histórica. De allí su peso e importancia

Sarmiento, y la “generación del 80”, entendieron perfectamente el desafió de aquella hora:

Europa y su pulcritud, su orden y su población afincada en las ciudades, eran la contracara de la holgazanería criolla, del gaucho y su geografía carente de fronteras, productos de la extensa llanura argentina(entendida como “el desierto”). Dos mundos y dos concepciones del mismo. Sintetizado en la dicotomía paradigmática “civilización o barbarie”, una debía eliminar a la otra, en aras de un proyecto modernisador.   

Entender la contrahegemonía es hacerlo desde una reformulación de esas miradas del mundo, para repensarlo y reconfigurarlo.

 

Del concepto de ideología a Paulo Freire

 

Conviene acercar al presente análisis, además, el concepto de ideología que Gramsci nos aporta desde sus “Cuadernos de la Cárcel”, en tanto   construcción social de una mirada del mundo. Con esas premisas, ya en los años 50 y 60, desarrolló Paulo Freire, en su “Pedagogía del Oprimido”, la idea prioritaria de la devolución de la palabra a los educandos(los oprimidos de la educación bancaria) para construir esa mirada de mundo desde allí. “El hombre no se hace en el silencio – dice Freire- sino en la palabra, la acción y la reflexión, ante ello se destaca el uso del diálogo como elemento de aprendizaje”.

Entendida la recuperación de la palabra como el elemento constitutivo de los sujetos desde su historicidad, su contexto social, su mundo.

Esto como elemento desencadenante, decididamente lleva a la construcción de una contrahegemonía, de una oposición al sentido hegemónico establecido(e inserto en el sentido común), para construir ese buen sentido.

Cuando se plantea el termino acuñado por Freire de “educación bancaria”, se lo hace desde una mirada en la que el sujeto construye su mirada de mundo desde una posición pasiva, tal y como la educación formal y  moderna lo concibe: un recipiente vacío al que se debe llenar de conocimiento. “En tales condiciones – reflexiona Freire – el oprimido construye un mundo desde la óptica de su opresor”.

La pregunta es: ¿que es lo que se entiende dentro de este paradigma de la modernidad como “conocimiento”?

Anteriormente citamos, desde los estudios de Jesús Martín Barbero, la importancia de la escuela en la construcción del sujeto moderno. En la construcción de un sujeto apto como mano de obra disponible, como engranaje concreto de la gran maquinaria capitalista.  Ligero de solidaridades y  huérfano de la tradición materna reproductora del relato ancestral. 

El acierto de Freire radica en la recuperación de la historicidad de los sujetos para construir el mundo (y verlo) desde sus propios parámetros y, desde ellos, devolverles el rol activo negado por la escuela.

 

Desde nosotros pensar la contrahegemonía

 

¿Con qué elementos pensamos, desde Latinoamérica, algún sesgo de contrahegemonía?

Desde Tupac Amarú(quien llevó a cabo una rebelión contra el impero español a finales del siglo XVIII y fue descuartizado por éstos y la Inquisición trasladada desde la edad media a nuestro continente), América Latina confronta el modelo hegemónico occidental.

Durante las últimas décadas del siglo XIX, Latinoamérica estuvo inspirada en la corriente de pensamiento positivista de la ilustración occidental, la cual fue transmitida y asimilada por los pensadores latinos(quizá el mencionado Domingo F. Sarmiento haya sido el más cabal exponente de ello), quienes consideraban que el racionalismo, al ciencia y la educación redefinirían nuestra identidad bajo el modelo científico-racional occidental, de fuerte contenido racista, despreciativo de todo lo que de americano se pudiera construir.

Contrapuesto a ésta corriente, poetas como José Martí en Cuba, Rubén Darío en Nicaragua, José Vasconcelos en México comienzan a mirar de manera crítica este modelo.

Más avanzado el siglo XX, El filósofo argentino Rodolfo Kusch sostiene que “hay dos logos en nuestro continente que no siempre conjugan el mismo verbo identitario. En primer lugar habría una América periférica, austral que sería dominio de la tradición occidental, depositaria del individualismo, del mundo secularizado, de la racionalidad instrumental y la modernidad que simbolizaría la equivalencia entre “ser alguien” y la acción volitiva del ser humano en el estandarte del control y el dominio, que vive constantemente en una escalada por trascencenderse a sí mismo y suprimir al otro en la competitividad y exclusión”.

“Por otro lado- continua Kusch – , al interior de América en su “profundidad”, existiría una cosmovisión diferente y conservada a pesar de la conquista occidental. Este logos no está orientado a la definición sino más bien dirigido hacia el “aquí y el ahora” como una perspectiva de encuentro, donde predominaría una dimensión colectiva de lo humano sobre una individual, la totalidad sobre la particularidad y una concepción de pertenencia al entorno ajustando el mundo a un sentido mítico y religioso, el sujeto “se vive” como domiciliado en su circunstancia, desde la cual se desprende su sentido ontológico particular referido “al estar” .

Es en este punto que señala Kusch, en la multuculturalidad  y en el sincretismo operado en  América Latina, donde encontramos los elementos constitutivos que se encuentran sólo al interior profundo del continente,  el históricamente reprimido, “el que – como sostiene Kusch- ésta comprometido con el edor  y lleva encima el miedo”  y se aleja de la pulcritud declamada por el progresismo de las elites americanas,  el espacio donde abrevar en la construcción de un modelo contrahegemónico, pensado desde los oprimidos de Freire y su historia.

 



[1] Gramsci, Antono, “cuadernos de la carcel”